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lunes, 7 de marzo de 2011

¿Qué son los heteroflexibles?

Tienen vidas comunes y corrientes, esposas, maridos, hijos, pero de vez en cuando se pegan la “rodadita” para tener relaciones con miembros de su mismo sexo. Lo hacen por diversión, por romper la monotonía marital, por necesidad de autonomía… Y la ventaja para unos y otras es que esquivar el control de la pareja es fácil porque las mujeres desconfían de otras mujeres, pero no de otros hombres, y viceversa.

A ninguna se le ocurre que salir con amigos a jugar poker, tomarse una cerveza o ir a fútbol son oportunidades para tener sexo con otros hombres. Tampoco a ellos les parece extraño que sus mujeres salgan con amigas a cine, a tomar un café, a hacer compras…

El tema lo puso sobre la mesa la película Brokeback Mountain, la historia de dos vaqueros, Ennis del Mar y Jack Twist, que se conocen mientras hacen fila para conseguir un trabajo. Destinados a Brokeback Mountain para cuidar un rebaño, crean lazos de amistad que terminan en una relación íntima. Finalizado el verano, ambos regresan a su vida anterior. Ennis se casa con su novia de siempre, Alma, y Jack hace lo propio, empujado por las circunstancias, pero continúa luchando toda la vida por estar junto a Ennis. Cuatro años después vuelven a verse y desde entonces Brokeback Mountain será su lugar de encuentro.

Un capítulo reciente de Law and Order del canal Universal muestra a un grupo de amigos –un deportista, un abogado, un arquitecto, un ingeniero– que se reúnen todos los jueves a jugar cartas y tomarse unos tragos. Pero entre juego y juego tienen sexo sin compromiso. Sofía y Luisa, dos colombianas, viven algo parecido a la historia de los vaqueros. Sofía vive en Estados Unidos y Luisa en Argentina y desde hace años se encuentran en diferentes lugares, de vacaciones, por trabajo, como sea. Cada cual tiene su pareja oficial y saben que nunca estarán juntas del todo, pero juegan a estarlo por momentos. Se quieren a su manera. Y Jorge, un ingeniero civil de 40 años, lleva casado 10 años y tiene relaciones esporádicas con un hombre. “Los hombres tenemos reglas claras –dice–. Si hay oportunidad y ganas, hay relación; si no, cada quien por su lado sin complicaciones”.

El fenómeno es más extendido de lo que parece. Según un artículo sobre el tema publicado hace pocos días en The New York Times, entre 1,7 y 3,4 millones de mujeres norteamericanas han estado o están casadas con hombres que han tenido sexo con otros hombres. El cálculo se deriva del estudio La organización social de la sexualidad (1990), dirigido por Edward O. Laumann, sociólogo de la Universidad de Chicago, que indica que el 3,9% de los norteamericanos que habían estado casados tuvo sexo con otros hombres en los cinco años anteriores.

Según Joe Kort, trabajador social que ha sido consejero en cientos de casos, asegura que esos no son matrimonios de conveniencia ni cínicos esfuerzos por crear una coartada y que los hombres homosexuales y bisexuales se casan por razones complejas, entre ellas, la discriminación, las ambigüedades del amor sexual y el auténtico afecto. “Estos hombres aman genuinamente a sus mujeres –asegura Kort–. Muchos se consideraban heterosexuales con urgencias homosexuales que esperaban poder confinar en sus fantasías privadas. Se enamoran de sus mujeres, tienen hijos, sienten un clímax romántico y después de siete años su identidad homosexual comienza a emerger”. Y aunque en la mayoría de los casos los matrimonios terminan en divorcio, otros permanecen por cuenta de la comprensión de la mujer y del hecho de que hay sólidos lazos de afecto y comunicación establecidos a lo largo de los años que no se rompen.

Uno de eso casos es relatado en el artículo de The New York Times: “Alguna vez trató de devolverse al clóset. Pero una cosa así simplemente no se puede apagar como un interruptor –dice una mujer que lleva 24 años de matrimonio–. Mi esposo es el hombre de mis sueños y no pude verme el resto de mi vida pensando que se iba a sentir miserable y culpable por ser gay. Por su parte, un marido asegura: “Estoy totalmente comprometido con mi esposa, la acompañé en un terapia contra el cáncer y para mí esa es la expresión máxima de amor, mucho más que mis relaciones con hombres anónimos de vez en cuando”.

¿Fin de una hegemonía?


El término heteroflexible fue acuñado por la socióloga estadounidense Laurie Essig, en 2000, cuando lo describió como “la más nueva permutación de la identidad sexual”. En términos más sencillos, quiere decir que un individuo tiene o intenta tener un estilo de vida con un apego sexual y emocional hacia alguien del sexo opuesto, pero está abierto a encuentros sexuales e incluso relaciones con alguien del mismo sexo. “Mujeres y hombres lo hacen en ocasiones como arma en la guerra de los sexos y como herramienta para manipular los afectos del otro”, explica Bonnie Zylbergold, del Centro de Investigación en Género y Sexualidad de San Francisco, California.

La tendencia es a clasificar a los heteroflexibles como bisexuales, pero que no lo son o no aceptan serlo. El heteroflexible intenta conservar su identidad sexual, pero está abierto a los placeres homosexuales. “La heteroflexibilidad –no homosexualidad o bisexualidad– podría significar el final de la hegemonía de la heterosexualidad”, dice Essig y agrega que la identidad sexual ya no podría verse desde un punto de vista binario hetero-homo, sino en forma más flexible, menos rígida. ¿Los heteroflexibles son homosexuales reprimidos que no se atreven a salir del clóset? No hay duda de que algunos sí, pero también hay otros que, como en el caso del ingeniero colombiano, simplemente quieren tener una aventura sin compromisos.

Los medios


Estudios sobre el efecto de los medios en los adolescentes demuestran que los comportamientos y actitudes sexuales se dan en un alto grado “por identificación con protagonistas de la televisión”. En ese sentido, programas como The L Word, sobre el mundo de las lesbianas, o Queer as Folk, sobre la vida de los homosexuales, que llevan varias temporadas al aire, han abierto puertas que atraen a mucha más gente de la que está dispuesta a admitirlo. De ahí que haya jóvenes dispuestos a ensayarlo todo, a mostrarse flexibles en cuanto a la identidad sexual, abiertos a experiencias homosexuales.

Tomado de http://www.sentidog.com/article.php?id_news=15270

Publicado en Gente10, Volumen XII, Número 72 (2006)

Extraño tanto aquellos días...

¡Hola!, soy Orfeo. No soy un dios, ni hijo de alguno de los dioses con las bellas griegas. Soy un mortal. Mienten quienes dicen que soy hijo de Apolo, el resplandeciente, aunque siempre lo quise como si lo fuera.

Aunque mi fama de músico y poeta ha trascendido los siglos, en realidad me hubiera gustado que me recordasen como sacerdote, adivino, tal vez como un médium, porque Apolo hablaba por mi boca. Eran famosas mis prédicas a favor de las enseñanzas de Apolo y en contra de los sacrificios incitados por algunos dioses que no vale la pena mencionar. Pero no, los libros han inmortalizado mi música, claro que exageran.

Lino, que también dicen era hijo de Apolo, me enseño a tocar la lira. Claro, yo la tocaba con maestría; pero eso de que los ríos paraban su cauce con mis notas son cuentos y las tempestades se apaciguaban con mis cantos son exageraciones.

¿Qué dónde vivo? Deberían preguntarme donde viví antes que esas mujeres, las bacantes, me mataran. No me mal entiendan, yo sé que algunos autores me han tachado de misógino, solo porque comprendí que… bueno mejor se los cuento después, apenas nos estamos conociendo y no quiero que me mal interpreten.

Actualmente habito en el Hades junto con mi esposa Eurídice, en los campos Eliseos, en una hermosa mansión junto con otros héroes griegos. Mi esposa mi trata bien… no puedo quejarme ella es atenta y cariñosa conmigo, pero extraño tanto aquellos días…

¿Qué más da? Voy a dejarme de papujos, de por sí, en este siglo en que ustedes viven… en todos los siglos, de eso puedo dar cuenta yo… han existido… han existido… pues bien voy a decirlo de una vez: relaciones sexuales entre hombres.

Claro, ustedes dirán que yo soy felizmente casado, que la ninfa Eurídice es muy hermosa, que estoy enamorado de ella. Si todo eso es cierto, pero a veces, dormido sueño con aquellos días antes de mi muerte a manos de esas malditas mujeres.

Algunos dicen que yo inventé que los hombres podían tener relaciones sexuales entre sí, realmente no lo creo, siempre ha ocurrido. En dado caso, yo no lo ideé; Apolo, el portador del arco, me lo comunicó. ¿Qué por qué me mataron? Porque alejé a sus hombres de sus “deberes maritales”. Sí, así como suena… Les voy a contar la historia.

Mi protector Apolo, dios fuerte como los rayos del sol, desnudo y cazador, tras varios años de vagar dolido por la muerte de mi esposa, me reveló en un sueño que debía construirle un templo. Al inicio yo no sabía de que se trataba… claro era nuevo en “esos” asuntos. Pero después, lo comprendí bien… muy bien dirían mis retractores.

Construí un templo en Tracia en el monte Pangeo, donde nací y vivía tras varios años de ausencia… pero no es como lo templos que ustedes conocen, donde se sientan aburridos a oír a sacerdotes hablar en contra del placer sexual, que erróneamente llaman contra-natura.

Todo lo contrario, yo predicaba que, para tener una experiencia mística con Apolo, era necesario satisfacerse sexualmente. Ahora calificarían mis rituales de orgía, pero a mí no me gusta esta palabra, suena a pecado. Pecado es el orgullo, creerse igual que los dioses. Además uno de los mandatos de Apolo era “”nada en demasía”.

En las celebraciones que yo oficiada, todos que daban “satisfechos”… bueno, excepto -claro está- las mujeres. ¡No! Claro que no es cierto, en mi templo nunca entraron niños, eso también son habladurías de mis oponentes.

Aunque no les he de negar que algunos jóvenes entraron en mi templo, escapando del control de sus madres, pero yo nunca los obligaba a nada. Apolo enojado habría mandado la peste.

El problema es que ellos -si claro yo invitaba solo hombres- quedaban tan satisfechos con mis oficios religiosos, que no cumplían con sus esposas y abandonaron completamente a sus concubinas.

En represalia, un amanecer, cuando yo oraba a Apolo, al sol naciente, me mataron. Esas malditas mujeres, llamadas las bacantes, incitadas por su enojo, esperaron a que sus maridos entraran en el templo donde yo oficiaba celebraciones de la aurora.

Se apoderaron de las armas que habían dejado fuera y entraron matándolos a todos. Esas furiosas mujeres me descuartizaron vivo y arrojaron mi cabeza al río Hebro, la cual llegó hasta la isla de Lesbos.

Pero no solo eso, tal era su enojo que comieron mi carne sin que les importaba que estuviera cruda, en represalia a mis enseñanzas de que los sacrificios eran perversos.

Las Musas, hijas del padre Zeus, recogieron lo que quedó de mi cuerpo y llorando enterraron mis restos en Liebetra, al pie del monte Olimpo, donde hasta hoy cantan armoniosamente los ruiseñores. Mi lira fue arrojada al mar, llegó a Lesbos y fue guardada en el templo al dios Sol.

Por la intercesión de Apolo, el resplandeciente, y de las musas, Zeus la colocó en el cielo como una constelación. A pesar de esos honores y de lo bien que me trata mi esposa aquí en el Hades, no sé por qué extraño tanto aquellos días…



Publicado en Gente10, Volumen XII, Número 71 (2006)

El aguila que raptó a hermoso adolescente

Ahora, hijo mío, para que te duermas tranquilo, te voy a contar una historia, una leyenda griega ¿Recuerdas a los griegos? Sí los mismos que idearon la democracia, que sobresalieron en la matemática y que fueron los primeros en pensar en la célula, como te ha contando en la escuela.

Pues bien, no creo que tu maestra te haya contado la historia de Ganímedes. Todas las historias comienzan con “Había una vez”. Así pues, había una vez un rey llamado Tros que pertenecía a la casa real de Troya. El monarca estaba casado con Calírroe. Tenía varios hijos: Ilo, Asáraco y Cleopatra; pero todos sobresalía Ganímedes, apuesto adolescente. Era el preferido: el rey lo amaba profundamente.

Zeus –cansado de su relaciones con mujeres- lo miró desde lo altote su palacio ¿Recuerdas a Zeus, el rey de los dioses? Pues él motivado por su deseo, con un conjuro mágico se transformó en águila. Cuando el joven estaba cuidando los rebaños de su padre en los alrededores del palacio, lo cogió con sus garras y se lo llevó a su residencia, situada en lo alto del monte Olimpo, desde el cual se divertía tirando truenos y participando en banquetes.

Tan hermoso era Ganímedes que Zeus quiso preservar su belleza de las calamidades de los mortales: la enfermedad y la vejez. Así, dándole de tomar el divino néctar, lo hizo inmortal.

Debido a que el joven se aburría de la vida en palacio, Zeus le consiguió un trabajo: debía servir néctar a los dioses en las frecuentes fiestas que celebraban, aunque algunos dicen que esto fue un pretexto para tenerlo siempre cerca.

Tros, el padre de Ganímedes, lo buscó por todos los confines de su reino, pero no lo halló. Interrogó a todos sus súbditos. Algunos de sus criados y esclavos le explicaron que habían oído una tempestad y que luego el príncipe se había desaparecido. Uno de ellos le contó que su hijo fue secuestrado por un águila.

El rey no creía esta historia, pensaba que uno de sus enemigos había secuestrado a su hermoso hijo. Viendo su tristeza, Zeus instruyó a Hermes para que en sueños comunicara al rey Tros lo que había sucedido a su amado hijo.

Hermes, el veloz mensajero, le aseguró que Ganímedes se había hecho inmortal, nunca más enfermaría, ni moriría, que estaba sirviendo vino en el Olimpo, lugar donde ningún otro mortal había entrado. Luego le mandó dos hermosos caballos, tan ágiles y fuertes que solo podían compararse con la pasión que tenía Zeus por Ganímedes. Así el rey Tros creyó la historia y se contentó por la vida que llevaría su hijo con el potente Zeus.

Pero había dos problemas. Zeus ya estaba casado: Hera era su mujer. El trabajo de servir ambrosia, el néctar de los dioses ya estaba tomado: Hebe, su hija era la copera. Pero a Zeus poco le importaba, Ganímedes era tan buen mozo que todo lo valía.

Al fin cedió a las pretensiones de su esposa, pero él quería mirar siempre a su hermoso compañero, por lo que lo transformó en Acuario, -sí hijo mío- en la constelación de Acuario. Cada vez que Zeus quiere compartir con su compañero, sale con su águila a contemplar el estrellado cielo, recordando los días y las noches en que estuvieron juntos.

Muchos en Grecia y Roma recitaban esta historia. Algunos cuentan que había templos en todo la Antigüedad donde se narraba, pero eso fue hace mucho tiempo.


Así el prudente Zeus robó al rubio Ganímedes por su belleza, para que estuviera entre los inmortales y en la morada de Zeus escanciara a los dioses, ¡cosa admirable de ver! Ahora, honrado por los inmortales, saca el dulce néctar de una cratera de oro. Inconsolable pesar se apoderó del alma de su padre Tros, que ignoraba adonde la divinal tempestad le había arrebatado a su hijo, y desde entonces lo lloraba constantemente, todos los días. Pero Zeus se apiadó de él y le dio a cambio del hijo caballos de ágiles pies, de los que usan los inmortales. Se los dio de regalo para que los poseyera, y el mensajero Hermes se lo explicó todo por orden de Zeus; que Ganímedes sería inmortal y se libraría de la vejez como los dioses. Y desde que oyó el mensaje de Zeus ya no lloró más; sino que se alegró interiormente, en su corazón, y alegre se dejaba conducir por los caballos de pies rápidos como el viento”
Homero, Himno a Afrodita.



Publicado en Gente10, Volumen 12, Número 70 (2006)

¿Cómo el sol se enamoró de un mortal?


Siendo tan bello no es de extrañar que tanto el dios del sol, Apolo, y el viento del oeste, Céfiro se enamoraran de Jacinto, cuyo cabello rizado caía sobre un musculoso y viril cuerpo.

La leyenda cuenta que era hijo de Amiclas, rey de Esparta, en Laconia, y la musa Clio, protectora de la poesía épica y la historia. No obstante, nada se sabe de las razones por las cuales su hermoso y fornido cuerpo generaba pasiones entre mortales y dioses. Vivía en Esparta, a orillas del río Eurotas, cuna de los mejores guerreros y de célebres atletas.

Algunos dicen que Céfiro, uno de los hijos de Eolo, había tenido un idilio con Jacinto, pero este lo despreció y empezó a ser frecuentado por Apolo. Seguramente este dios lo estaba conquistando con su renombrada puntería con el arco, con canciones al son de la lira y con su cuerpo resplandeciente como el sol.

Lo anterior era una traba para que Céfiro reiniciara esta relación, pues temía visitar a Jacinto. Su contrincante era hijo del poderoso Zeus, el rey de los dioses, que en tanto se divertía en el Olimpo tomando ambrosía con Ganímedes, el más bello de los mortales, a quien rapto en su acceso de pasión.

Apolo, astutamente, pasaba horas y horas jugando con Jacinto a orillas del Eurotas. Ambos desnudos, como acostumbraban ejercitarse los griegos, perfeccionaban su dominio del disco y el arco. Este dios era afamado por su fuerza y su puntería. Además, Apolo aprovechaba para ayudar a Jacinto con la lira, ya que el mortal tenía dotes musicales. Talvez Jacinto quería participar en los juegos olímpicos, representando a su natal Esparta.

Talvez quería congraciarse con Zeus, el padre de Apolo, pues estos juegos eran celebrados en su honor. Talvez simplemente quería convivir con los demás atletas, los mejores hombres de todos los pueblos griegos. Talvez solamente quería estar en compañía de delumbrante Apolo.

La leyenda cuenta que si Céfiro hubiese sido mortal se hubiera muerto de celos. Este dios no podía hacer nada, alimentando, así, su rencor hacia ambos. Se conformaba con tomar, de vez en cuando, la forma de viento y envolver a Jacinto, acariciándolo furtiva y suavemente.

En cierta ocasión, Apolo practicaba el disco con Jacinto. En una de las tiradas, el dios envío el proyectil altísimo y Céfiro -ejecutando una venganza urdida con despecho- sopló y lo desvió. El disco chocó contra una piedra e impactó violentamente la frente de Jacinto.

Manó sangre que ensució los rizos y el fornido cuerpo del mortal.Manó sangre que cayó sobre la tierra en la cual se había desmayado.

Primero, horrorizado, Apolo trató de contener la sangre con sus manos. Luego, intentó curarlo con las plantas medicinales. Finalmente, desesperado, rogó a su hijo Esculapio, progenitor de todos los médicos, rogó su padre Zeus, poderoso como el rayo, rogó a todos los dioses. Todo fue en vano. Jacinto estaba ya en manos de Tánatos, quien lo llevó a Caronte, el barquero de la muerte, para que cruzara la laguna Estigia. Había sucumbido al destino de todos los mortales, sin que él, inmortal, pudiera seguirlo.

Algunas gotas de sangre de su amado quedaron en el suelo. Apolo las tomó, las mezcló con un poco de tierra y les infundió vida en forma de una hermosa flor roja: el jacinto. Así, perpetúa su tristeza en la memoria de todos.

Cada año se celebran en Laconia, las Hiacinticas o fiestas de Jacinto. El primer día de la fiesta, se realizan demostraciones de tristeza por su muerte. Al día siguiente, resuenan los acordes de la lira y la flauta, los jóvenes forman alegres coros que celebraban la inmortalidad de Jacinto. Para algunos, la muerte de Jacinto es una leyenda que simboliza como el sol de verano mata las flores de la primavera. Para otros, es una historia de como el sol se enamoró de un mortal.



Publicado en Gente10, Volumen XII, Número 69 (2006)

Fracasó intento para "transformar" pingüinos gays

Todo comenzó con unas parejas felices de pingüinos machos

Hace una año, el zoológico de Bremerhaven en el norte de Alemania descubrió que seis pingüinos machos Humboldt (Spherniscus humboldt) se “apareaban” entre sí. Existen menos de 20 mil especimenes en las costas el Pacífico de Chile y Perú.

Este zoológico suponía que tenía dieciocho pingüinos: diez machos y ocho hembras; pero, no se puede determinar a simple vista el sexo de los pingüinos, porque sus órganos sexuales no son externos. La distinción entre macho y hembra surge de la postura: la hembra se acuesta boca abajo y el macho se para encima de su cola, lanza su esperma que -por gravedad- fecunda a la pingüina.

En consecuencia, se tardó en descubrir que seis de los machos habían formado parejas entre sí. La primera explicación de esta situación fue que como había más machos que hembras, la depresión de soledad o la satisfacción de los deseos sexuales llevó a los seis machos a juntarse entre ellos; así que, preocupados por la descendencia de una especie en extinción, este zoológico importó cuatro pingüinos de su similar sueco de Ostegotland.



Fracasa intento matrimonial

El plan fracasó, las autoridades del zoológico argumentaron que las suecas llegaron fuera de época de apareamiento y no hubo oportunidad que los pingüinos demostraran sus dotes masculinas.

El principal impedimento es el miedo al contacto: “las suecas no se atreven”, dijo la directora del zoológico de Bremerhaven, Heike Kueck. Por lo que, ante la falta de cooperación de las hembras, durante del periodo de apareamiento volvieron a formarse las parejas del mismo sexo.

Después de un año, este zoológico germano reconoció que el experimento fracasó: los machos se seguían “apareándose” entre ellos e incluso les había provisto de huevos de piedra para empollarlos. Las parejas de pingüinos se forman de nuevo todos los años.

Entre las parejas heterosexuales, dos de las hembras cambiaron de macho. Sin embargo, los pingüinos “gays” volvieron a juntarse con su pareja del año pasado. De todas maneras, la directora del parque zoológico afirmó que había cuatro parejas heterosexuales que podrían traer al mundo a pequeños pingüinos. Una de las parejas en el año 2005 dio a luz a dos pingüinos machos.

En resumen, el zoológico de Bremerhaven ha fracasado en sus esfuerzos por reorientar las apetencias de unos pingüinos homosexuales. El comportamiento homosexual es un fenómeno conocido de esa especie y desde el principio se sabía que difícilmente se lograría invertir, puesto que los pingüinos homosexuales raramente rompen con su pareja.


Protestas en todo el mundo por este experimento



Comunidades gay de todo el mundo hicieron llegar sus protestas a la ciudad alemana de Bremerhaven, para expresar su desacuerdo con el experimento de revertir los gustos de seis pingüinos homosexuales.

Con cartas, e-mails, llamadas por teléfono y pancartas, los activistas de grupos homosexuales, particularmente de Estados Unidos y Alemania, exigían “el libre desarrollo de sus inclinaciones sexuales, también para los pingüinos”.

La directora del zoológico, Heike Kueck, manifestó que “desde que comenzamos la acción hemos recibido cientos de llamadas telefónicas, inclusive de Australia. Grupos de homosexuales nos ofenden y nos condenan”.

El grupo de presión gay Hosi, con sede en Suiza, atacó a Kueck clamando: “No rompan a las parejas felices”. Kueck intentó calmar los ánimos diciendo que “nadie quiere separar parejas homosexuales a la fuerza”. Muchas organizaciones gays consideran que el fracaso demuestra que la homosexualidad es una condición natural que no se puede revertir.




Publicado en Gente10, Volumen XII, Número 68 (2006)